Lo que se puede contar de New York City

Llegar a Times Square después de 7 horas sentada en un avión rodeada de gente peculiar es como meterse en un pequeño agujero y acabar en el País de las Maravillas. Con conejos apresurados incluídos. Emociona y paraliza, es un déjà vu en bucle.

El Comando NYExperience Iberia’10 (#NYExperience), cuyo nombre no alcanza ni siquiera a insinuar su esencia belicosa a la par que eroticofestiva, se alojó en el Hotel Pennsylvania, la meca de los forofos de los suelos de moqueta y las paredes agrietadas.

Una vez instalados, el #NYExperience se dispuso a recorrer sus calles, zigzagueando entre la 7th y la 5th Avenue. El glamour de los escaparates mezclado con el olor a hot dog y onion sauces nos producía un efecto extasiante que pronto tuvimos que apaciguar en nuestros lechos.

Lo de la ciudad que nunca duerme hay que decir que es un mito. A partir de las 4am estaba el asunto apagado. Pero la gente es abierta y cuando tiene que darte alguna indicación, saca su iPhone y le da al Google Maps. Te acompañan al lugar si hace falta. Tienen otra actitud, quizá es la que proyectamos en ellos por el mero hecho de vivir en una ciudad tan espectacular, pero todos ellos desprenden vanguardismo trasnochado.

Los autobuses turísticos son un lugar para divertirse. Conductores temerarios y narradores algo frustrados pero con miles de anécdotas que compartir amenizan el viaje. Lo peor de los autobuses turísticos es que seas el último de tu grupo en bajar sin dar propina. Lo bueno es que los insultos en inglés con acento neoyorkino siempre fueron mejores.

Ir a New York y no ir a ver un musical en Broadway es otro pecado.  El #NYExperience fuimos a ver West Side Story, y lo pasamos tan bien que padecimos el síndrome de reinas de la fiesta durante varios días. Y ya no hubo quien nos parara. Así, dar una vuelta en limousina se convirtió en un objetivo clave. Pasear por Wall Street también es una experiencia. Es como estar tocando las manos que manejan el títere de la economía mundial. Es una zona tranquila, silenciosa. El toro, más desgastado en algunas partes que en otras, espera desafiante como un dragón a las puertas de su castillo.

Dar un largo paseo por el Central Park. Comer mil perritos calientes. Entrar en Tiffany’s a probarse joyas sin sentirse un paupérrimo ciudadano más. Asistir a una jam session de jazz, ir a una misa gospel y vaciarse por dentro. Subir al Empire State Building de noche, comer hamburguesas infinitamente sabrosas, pasear por China Town y Little Italy, La noche estrellada de Van Gogh en el MOMA. Alucinar y sentir que quieres vivir en esta ciudad cada cinco minutos son algunas de las cosas que hacer en New York, para muchos considerada la capital del mundo.

Concrete jungle where dreams are made, there’s nothing you can’t do.

 

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