My propeller

Carta a la Libertad de Expresión 

Aún recuerdo cuando paseábamos juntas de la mano por Roma. Sentías el calor de la felicidad de la gente que nos rodeaba con tanta fuerza, que no necesitabas nada más. Jugábamos a decirle lo que pensábamos a cualquiera que se cruzara por nuestro camino, para terminar en alguna cafetería comentando que la vida es bella por sus matices.

Recorrimos Italia prácticamente descalzas. Bailamos en todas las ciudades, llenas de música y vitalidad, y tú siempre tenías algo que opinar sobre el modo en que te cogía la cintura. Nunca te gustó que te llevara el paso y siempre estuve al servicio del compás de tus caderas.

Todo cambió cuando quisiste hacerme ver que algo te ocurría, cosa que nunca entendí. Lo que parecía un resfriado, se quedó más tiempo del esperado y cuando quisimos darnos cuenta, nunca volviste a ser la misma. Los médicos dijeron que estaba localizado, que no había problema. No fue así, te fuiste y contigo buena parte de mi.

Siempre tuya,
Democracia.

 

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