“Finge ser discapacitada para poder pagarse un máster”

Matilde Robles, recientemente licenciada en Periodismo por la Universidad Complutense de Madrid, asiste a su propio funeral en vida. Todos los periódicos digitales tuitean su estafa <<Finge ser discapacitada para poder pagarse un máster>>.  Encerrada en su habitación y con los dedos manchados de nocilla, en el fondo sabía que su plan no iba a funcionar. Aún así tenía que intentarlo. “@calidopilus jajaja, parece sacado de El Mundo Today”, “@trospidis23 ya le vale, si no te lo puedes pagar no lo hagas”, “@sexyrabbit21 esto sí que es #MarcaEspaña”, son algunos de los tuits que lee en contestación a su historia.

Con lágrimas en los ojos, recuerda perfectamente lo que le hizo llegar a este extremo. 65 euros por crédito en primera matrícula y 97 euros en segundas y/o sucesivas. Quería inscribirse en el Máster Universitario de Escritura Creativa , 60 créditos. Los números no le salían. Hagan ustedes la cuenta. Podría haber pedido una beca, pero sabía por experiencia que se entregan tarde y mal, a mitad de curso, si es que consigues que te la concedan. En el caso de que no se la dieran y temiendo las locuras de José Ignacio Wert, no habría podido afrontar la carga económica.

Entonces, Matilde, leyó los requisitos para la matrícula gratuita o reducción de precios.

Los estudiantes con discapacidad a quienes se les haya reconocido un grado de minusvalía igual o superior al 33 %, tendrán derecho a la exención total de precios públicos en los estudios conducentes a la obtención de un título universitario.

A estos efectos, los alumnos que se acojan a esta disposición legal habrán de acreditar ante la Universidad correspondiente la resolución administrativa por la que se les hubiera reconocido la condición de discapacitado, que podrá ser justificada mediante certificado expedido por el IMSERSO o Comunidad Autónoma, resolución del INSS (para pensionistas por incapacidad permanente total, absoluta o gran invalidez) o resolución del Ministerio de Economía y Hacienda o del Ministerio de Defensa (para jubilados o retirados por incapacidad permanente para el servicio o inutilidad).

Desde hace dos años sus padres están en paro. Lo poco que queda de sus ahorros está destinado a pagar facturas, cada vez más altas, por cierto. Matilde no podía pedirles más. Menos mal que habían conseguido acabar con la hipoteca. Ella tampoco encontraba trabajo. Un tío suyo era médico. Entre diversos “qué dices”, “no lo hagas” y  “estás loca”, consiguió que la ayudara a fingir una discapacidad. Consiguió la documentación necesaria para acreditar dicha discapacidad. Todo secreto. Se hizo con una silla de ruedas de segunda mano.  Guardaba la silla en la azotea y llevaba una doble vida. Conoció de primera mano las dificultades que sufre un discapacitado. Narrar lo que sufrió es contribuir al escarnio popular al que está siendo sometida.

Y ahora la han descubierto. Y todo ha sido una estafa. Y ella sólo quería estudiar. Y los demás no la entienden. Y tendrá que pagar una multa cara. Y su madre llora y llora y llora por la humillación. Por sentirse culpable. Por no ser capaz de darle todo lo que su hija se merece. Porque ella sólo quería estudiar.

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