Mamá, de mayor quiero ser un cyborg

“Reconforta saber que McDonald’s no nos brinda sorpresas, es decir, que la comida que tomamos en un determinado momento o lugar es idéntica a la que comemos en otro sitio o a otra hora. Sabemos que el siguiente Huevo McMuffin que comamos no será horroroso, pero también sabemos que no será excepcionalmente delicioso. El éxito del modelo McDonald’s indica que mucha gente ha empezado a desear un mundo sin sorpresas”. La McDonalización de la sociedad, Ritzer, George.

Esta semana he empezado a leer La McDonalización de la sociedad, de George Ritzer, y este párrafo abrió una ventana en mi cabeza que hará que jamás vuelva a ver la realidad del mismo modo. Parece mentira que algo como una cadena de fast food haya influido tanto en la manera de ver el mi mundo. El caso es que, según George Ritzer, no es más que una vuelta de tuerca más a la cadena de montaje de Henry Ford.

A la gente civilizada, racional, al “primer mundo”, ya no le interesan los problemas cotidianos. No nos interesa que la vida nos rete. Vamos a un centro comercial a comprar una camiseta porque estamos seguros de que con tantas tiendas encontraremos la adecuada. Que además, no habrá ningún agente meteorológico que nos amargue la tarde, que, si nos entra apetito, podremos sentarnos en algún 100 montaditos para repostar. Estamos servidos y sobre todo, tremendamente orientados. Está todo estratégicamente pensado para cubrir las necesidades básicas en el menor tiempo posible y sin espacio para la improvisación. Sabemos a lo que vamos, nunca hemos estado más seguros. Algunos lo verán como una ventaja, pero esto conlleva grandes consecuencias. El afán por el control absoluto de la situación es una pandemia y está acabando con la plusvalía humana. Ya lo advertía Weber con su “jaula de hierro de la racionalidad”: ¿Ejemplos? El trabajo. Hay una gran cantidad de empleos (especialmente los de servicios) que se han “fragmentado” de tal manera que el empleado sólo tiene que hacer una cosa muy sencilla, por la cual no se requiere demasiada experiencia ni conocimientos específicos, conformando una especie de cadena de montaje. Sigamos con los 100 montaditos. Para quien no lo conozca, es una franquicia con bocadillos pequeños de diferentes tipos (tampoco muy elaborados), baratos, con bebidas a su vez baratas. El cliente entra, se sienta, tiene un formulario con todos los elementos de la carta, marca las casillas de aquellos que va a tomar y los entrega en la caja junto con su nombre. Posteriormente, se le llama por megafonía (algo que hace que la gente se llame de maneras muy extrañas) y el cliente, recoge su comida, la paga y se la lleva a la mesa. Hasta aquí bien. Todo parece ventajoso. Precios más que asequibles. Invita al consumidor a cuestionarse cómo pueden salirles las cuentas. Pero lo cierto es que seguramente les van fenomenal ya que, según dicen en la revista Forbes (y en su propia web), en 12 años han pasado de un localito en Huelva a 300 establecimientos (con intención de abrir un montón más en el 2014) en 6 mercados diferentes. La clave de todo esto, principalmente, está en dos cuestiones:

  1. Despersonalizar a los empleados llevándolos a cumplir con funciones muy elementales reduciendo el margen de error y la posibilidad de decidir la mejor manera de hacerlo para conseguir la homogeneidad de todas las franquicias y
  2. Que el cliente trabaje gratis. (Ahora no sólo trabajamos gratis en nuestros trabajos, si no también cuando “nos divertimos”. Bienvenidos al self service).
Los empleados se encargan de hacer los bocadillos, de inserir los productos seleccionados en la caja para crear la cuenta y de limpiar mesas. Parece complicado equivocarse. Con este modus operandi, se han eliminado los posibles errores al coger mal una comanda tan propios del  oficio e incluso se suprime el riesgo de que se le caiga la bandeja a la hora de acercarse a la mesa. La responsabilidad queda en manos del cliente, relajado, que va a divertirse y está contento porque sólo se ha gastado 10 euros. El empleado no añade por tanto un valor personal al trabajo, no queda nada del clásico camarero que te suelta un chiste o del que es tan antipático que hace que quieras dejarle una caca de tu perro de propina. Es un empleado impersonal del cual con toda seguridad, el cliente se olvidará al salir del establecimiento. Podría ser cualquiera. Este modelo es fácilmente extrapolable a un sinfín de otros empleos: la atención al cliente en un aeropuerto (cada vez se emiten más tarjetas de embarque online, las aplicaciones de las aerolíneas te advierten de posibles cambios, máquinas auto check in…), las gasolineras (solo falta que entremos dentro a cobrarnos), el cine, el banco, etc.
Algo que por un lado nos aporta muchísima comodidad ya que no tenemos que lidiar con detestables personas que están cumpliendo con su jornada laboral y evitamos los “seguro que yo lo haría mejor si estuviese en su lugar”, por otro lado invoca al temido monstruo de la prescindibilidad. A mí lo que me duele es que hoy en día, en prácticamente todos los trabajos y acentuado exageradamente por la puta crisis, cualquiera es prescindible. La amenaza del “haz esto así, y si no te gusta, vete, porque mañana tengo mil como tú queriendo hacerlo y por menos dinero”, es cada vez más latente. Y es triste.
La estrategia de alienación es perfecta, porque no sólo se están cambiando unos gustos, si no que se está influyendo directamente en nuestros hábitos, nuestra escala de valores. Ya no salimos a comer para pasar un rato agradable, comemos porque desgraciadamente no somos cyborgs y necesitamos de alimentos para vivir, pero mejor que sea en un sitio con wifi para ver si nos ha llegado ese e-mail que esperamos, donde conozca de antemano con qué me voy a encontrar y cuánto me va a costar. No nos interesa la experiencia. Nos trae sin cuidado que nos sorprendan, que nos motiven, que estimulen nuestro cerebro con una frase aguda o con un plato exquisito. Ya no buscamos la calidad, buscamos la eficiencia. Confundimos la segunda con la primera sin ser conscientes de que en realidad, estamos siendo servidos de una manera tan impersonal y fría que poco a poco, invadirá nuestra conducta hasta el límite de tener pánico a la incertidumbre en algo tan simple como, en este caso, comer. Lo mismo pasa (y se acentuará) en el plano laboral, porque si necesito incorporar 15 periodistas para un portal de noticias de ocio y cultura buscaré personas jóvenes, sin demasiada experiencia para que no tengan “malos hábitos” de otros trabajos y sean fácilmente adoctrinables, que se entiendan bien con los ordenadores para que sean más rápidos, que me escriban más artículos en menor tiempo, sin importarme demasiado la calidad de lo que escriben si no la cantidad porque lo que realmente me interesa es generar un volumen elevado de noticias para que haya más visitas y así cobrar más ingresos en publicidad. Y toma estos 400 euros al mes porque, si quiero, me presento en la Facultad de Periodismo, doy una patada y me salen cien como tú.
Por último, si este post de domingueo apocalíptico ha hecho que tengas curiosidad, aquí tienes el enlace a este libro en pdf.
Anuncios

5 comentarios en “Mamá, de mayor quiero ser un cyborg

  1. Y digo más niña… Encima con la precariedad laboral tienes la excusa perfecta para consumir aquí y encima darles las gracias. No sé si el mes que viene seguiré trabajando pero con solo 10 euros ya como aquí, en principio no parece un coste muy alto. Me recuerda un poco a los argumentos que dicen que “menos mal que existen las hamburguesas de 1 euro del McDonalds porque si no aún más gente se moriría de hambre”, y que entronca a su vez con “no te quejes que al menos tienes trabajo”. PUTO MCDONALDS Y PUTO TODO (reconociendo que el put0 McFlurry Oreo+caramelo está rico)

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s