Chorromoco 91, my friend

El día libre empezó bien y mal. Por fin después de tres días de abstinencia volvía a tener tiempo para leer un rato pero sabía que Chorromoquín (en ese diminutivo me maté yo) estaba al 80% en el Kindle y todo apuntaba a que me lo iba a ventilar. LO SABÍA. Es por eso que intentaba distraerme haciéndole caso al perro, mirando de reojo a Susana Griso en Espejo Público, cambiando cada dos por tres la postura en el sofá como si pretendiera que se adaptara a mi voluptuoso cuerpo de Beyoncé (dejadme soñar). Perdía el tiempo en el mundo real como si pudiera influir directamente en el mundo mental. Pero esto no es así. Y llegaba al final. Y yo pasaba las hojas con pena y risa porque Pipi es idiota y otra vez pena y risa hasta que se acabó. YA ESTÁ. Sentí otra vez el vacío de alguien que se despide de un amigo que no sabe si volverá a ver. En seguida me levanté, puse a reproducir todo lo de Nirvana en el Grooveshark con el fin de sentirme un poco más cerca de Pipi y me tumbé en el sofá, otra vez. Me veía a mí misma en el escenario perfecto para este tipo de despedidas dramáticas: un aeropuerto. Sola y congelada, oyendo el abrir y cerrar de las puertas de embarque, de rodillas, abrazada a una papelera llena de basura, cerrando los ojos para concentrarme en desviar el olor e imaginar que era Pipi hasta que notaba su erección y me apartaba, mitad indignada, mitad halagada. PERO QUÉ MONO ES PIPI (soy incapaz de llamarlo Pepe).

Ahora en serio: me ha encantado. Pipi sigue siendo adorable. Estudia en la Uni siguiendo las estrictas normas de la religión del mínimo esfuerzo, está enganchado al tetris ¡y ahora hasta sabe acostarse con una mujer! O lo intenta. Sigue siendo un hijo del rock and roll. Un pardillo entrañable incapaz de tener amigos normales. Mi suegra su madre también es entrañable. Es guarro y bonito, porque es un guarro bien, iba a decir sano pero creo que no es la palabra, un guarro cariñoso, un guarro enamoradizo. Yo daría el último trozo de pizza de mi fiesta de cumpleaños por la mitad de amor que alberga Pipi. No se puede morir uno sin haber acumulado un buen número de guarradas inconfesables y Pipi eso se lo ha tomado muy en serio. Y TAMBIÉN ESTÁ JANINE. Pero no quiero decir más porque me resulta muy complicado hablar de ella sin tocarme llorar. De verdad, estaba muy agobiada pensando en si no me iba a gustar  tanto como California 83 y por fin ha terminado esta agonía y puedo decir que sí, que muy bien, que Colubi lo ha vuelto a hacer. ENHORABUENA. GRACIAS. ❤

Y cuando pensaba que me iba a reponer, que iba a salir adelante, que habría más Pipis en mi vida, encuentro en el Facebook que alguien (según parece @gordocontrapo y @unavezfuifeliz GENIOS) ha encontrado algo así como el eslabón perdido de la telerealidad y Ryan Gosling y Kiko Rivera son hermanos. EN SERIO, QUE ACABE ESTE DÍA 😦

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