Tranquila

QUE TE PIRES

Hace unos días un señor que no conocía de nada que tenía que entregar unas cosas en el restaurante de mi madre me abrazó al saludarme de una manera un poco rara. Pensé “bueno, estará contento” y le respondí con una sonrisa que quien me conozca puede saber perfectamente que no era muy sentida. El caso es que me preguntó si trabajaba en el restaurante y me dio un papel que tenía que firmar conforme había entregado el paquete. Le pregunté si tenía un boli y me dijo QUÉ VA YO NO TENGO DE ESO con una cara de “lo que sí tengo es una buena pistola, sople aquí”. Entonces, mientras estaba buscando un boli en mi bolso (no encontraréis maquillaje ni dinero en mi bolso pero siempre encontraréis cosas para escribir) empezó a acercarse a mí y a respirarme en la cara lo suficiente como para que quisiera sacarle los ojos con el boli de perritos que me regalaron en mi cumpleaños. Me levanté bruscamente (estaba sentada encima de una mesa) y por suerte se apartó al ver que casi le rompo la hoja firmando de lo incómoda que me sentía. Cuando se dio cuenta, en seguida empezó a decir “tranquila, tranquila”, como si mi reacción hubiera sido exagerada y se fue. Probablemente sea una chorrada, pensé. No le voy a dar importancia, me dije. Y seguramente sería así si no fuera porque no es un caso aislado. Entonces, me acordé de hace unos años cuando 3 señores desconocidos en un período de tiempo de 5 meses se masturbaron a pocos metros de mí en público sin yo pedírselo: desde un coche, en un parque, detrás de una palmera. La primera vez (el coche) me puse muy nerviosa y llamé a mi madre, que me dijo que tranquila, que ahora ya había pasado, que a ella también se lo habían hecho muchas veces en su juventud. La segunda vez me reí porque la situación era un poco peliculera, estaba en un parque tumbada con una amiga y el señor anciano nos miraba escondido en un arbusto. En la tercera estaba lo bastante lejos como para que me diera pereza ir a partirle la cara con el primer palo que encontrara pero estaba con un amigo que sí fue a hablar con él y a decirle que se fuera y que no me molestara nunca más. Y mi memoria estaba que no la paraba ni el último capítulo de El Príncipe y no lo hizo hasta retroceder a las no pocas veces en las que he estado en una aglomeración tipo metro/autobús en hora punta/discoteca/concierto y a algún gracioso se le ha ocurrido aprovechar la situación para marcarme su erecto manubrio en la espalda (mido un triste 1.63). También recordé, no con exactitud porque han sido demasiadas, las veces que al pasar en un bar un subnormal me ha dado un manotazo en el culo o ha dejado caer la mano ligeramente para seguir la trayectoria del mismo.

Lo triste es que con historias sobre gentuza de este tipo tengo para mil posts. Y nunca he agredido a ninguno de ellos. Igual algún empujón. Sí he soltado muchos “déjame hijo de puta” y siempre me he enfrentado a ellos verbalmente. Pero nunca he ido a más porque siempre me han pillado sola y me han sacado dos cabezas (que repito: no es difícil) y he preferido evitar la situación, que sin duda creo que ha sido la mejor opción ya que aunque me chupé Dragon Ball de pequeñita las probabilidades de que ganara al susodicho eran ínfimas. De todas formas, me estoy dando cuenta de que en el caso de que finalmente optara por abrirles el cráneo de una patada y me llevaran a la comisaría no sé si sería suficientemente válido para mi interlocutor el motivo “es que me tocó el culo” (y esto es triste).
A pesar de todo, más allá de lo indignante que es que alguien te meta mano sin consentimiento lo que más me molesta es cuando te enfrentas y te dicen muy ofendidos: “TRANQUILA”. Un tranquila tipo “no es para tanto” “no te estamos haciendo nada” “las otras no se ponen tan bordes como tú”. Ese “tranquila” que hasta te hace dudar de si no te habrás pasado realmente. Además, es el mismo “tranquila” que te suelta el típico que te quiere invitar obsesivamente a una copa / que te dice que bailes con él y al que le sueltas 80 veces no me apetece / no me interesa / no gracias y cuando ya lo dices gritando y de malas formas se indigna y te suelta eso: “tranquila”. Incluso puede que después de ese episodio si sigues en el mismo bar te esté vacilando durante toda la noche diciendo que eres una antipática, que eres una borde, que eres una mal follada… Porque estas cosas PASAN. Y yo estoy harta de que me sugieran que me tranquilice porque yo no voy por ahí tocando culos, yo SÍ salgo tranquilita de casa. Y si sólo me pasaran a mí estas cosas casi que me daría igual porque al final tengo la suerte de ser capaz de seguir confiando en la gente y no juzgándoles de primeras (aunque cada vez me cuesta más). Pero les ha pasado a todas las chicas que conozco. A algunas más, a otras menos. Y todas nos lo tomamos con una actitud que baila entre la indignación y la resignación forzada. Y no nos culpo, porque son unas situaciones tan comunes a los ojos de la sociedad que al final se opta por aprender a defenderse y a verlos venir. Y ahí es cuando entra el preferir no cruzar por esa calle porque vas sola y hay un grupo de chicos que están bebiendo y seguro que te dicen algo. O el ponerse en tensión cuando se te acerca un coche. O el estar alerta cuando estás pasando por un parque y está un poco oscuro y parece que no hay mucha gente. No conozco a ninguna chica que no tenga una historia de este tipo.

No me incomodas para nada, estoy súper tranquila.

Y así es como nosotras, las que lo sufrimos, vamos ayudándonos de una manera automática e inconsciente yendo siempre juntas a los sitios (sí, incluso al puto baño) y defendiendo a nuestras amigas cuando se ven en una situación de este tipo. Porque generalmente, al resto de los que están presentes “tampoco les parece para tanto”. Pero SÍ ES PARA TANTO porque aunque “solo sea un pesado que va borracho y caliente y tampoco le ha puesto la mano encima” seguramente no es la primera vez que a esa chica le pasa algo así. Y me molesta profundamente porque al final de la historia somos nosotras las que “saltamos a la primera” o “estamos irascibles” o “somos muy esquivas” o “nos pasamos” pero es que vosotros, sí, los que ofendéis pero sin llegar al “para tanto”, sois unos hijos de puta del mal cabronazos mal nacidos.

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7 comentarios en “Tranquila

  1. Muy asustado al comprobar, una vez movido tu texto, que le haya pasado a tanas de mis amigas y personas conocidas.

    Te juro que, siendo consciente de que esto sucede, que todas vosotras hayáis tenido estas experiencias me aterroriza y me acquea… y seguro que si pregunto entre más amigas el porcentaje seguiría siendo de 100%

  2. Lo peor de todo esto, es que a muchos chicos de la nueva generación les sigan enseñando que eso es normal…
    Sin ir más lejos, un conocido, cuando le expuse que me parecía de muy mal gusto el famoso anuncio de los bollo “q caña” donde un chico lleva una caña de chocolate en el bolsillo, y la chica pensando k es otra cosa le suelta “¿qué es eso?” y el chico le responde con un “por si tienes hambre” jugando con el doble sentido sexual que tiene… me dijo que no era para tanto, es decir, que le parecía normal hacer bromas de tan mal gusto. Pero eso sí, si una mujer le hace esa broma a un hombre no pasa nada, pero ojo como se defienden si es un hombre haciéndoselo a otro hombre, es que no comprenden que esa incomodidad es la misma o peor que la que sufrimos nosotras?
    Yo en mi adolescencia llegué a tener tantos problemas de miradas y tocamientos como los que describes, que llegó a condicionar en mi manera de vestir y todo por esta panda de hijos de puta que si encima te encaras, al resto de hombres le resulta hasta gracioso. Por que en el fondo, por mucho que lo nieguen nos siguen mirando como sus putas.
    Menos mal que al menos siempre hay hombres y gente decente que te sacan una sonrisa y te ayudan a llevar todo esto con tu mejor cara.

  3. Pingback: Contra todo pronóstico

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