Acepte estas condiciones (o no)

“La vida es un chantaje constante”, me digo mientras decido entre leggins gordos o tejanos para afrontar este día de vientos huracanados. Desde que eres crío, todo son condicionales. Y los hay que dicen que el idioma solo es un vehículo para comunicarse con otros, pero para mí la lengua estructura toda mi forma de pensar. Es por eso que el tempranísimo “si no te acabas la cena no te levantas de la mesa” es mucho más que una medida desesperada de tus padres para que comas y que cumplan con sus obligaciones de tutores si no una estructura mental, una forma de pensar y de ordenar el mundo que nos sigue hasta que ya no somos conscientes de ello. Es difícil escapar y todos estamos metidos en este círculo vicioso que es el convivir con los demás como toca, tal y como está establecido, la manera normal. Y es por esto que ser niña y escoger el azul es ya un problema, es algo ya inesperado, fuera de lo común, que lucha contra una estructura global, omnipresente y acartonada como el clásico “porque te lo digo yo”. No digo que los padres lo hagan aposta, es más, ni siquiera digo que los padres hagan mal ya que están llenos de buenas intenciones y muchas dudas, el problema es cuando esa apariencia de “cede porque quiero lo mejor para ti” nos persigue toda la vida. Y nos acompaña sobre todo en lugares en los que no les importa una mierda nuestro bienestar. Salimos de la ingenua protección familiar para adentrarnos en el maravilloso mundo empresarial del “no mira, si no es por mí, es por ti”. El modus operandi es el mismo, las intenciones bien distintas. “Si no aceptas estas condiciones, tendré que despedirte”. Es que me viene mal que me despidas, pero también me vienen mal las condiciones. Para los que en este caso buscan la culpabilidad en el sujeto que decide, alegando que “nadie te puso una pistola para que aceptaras” no mira, te explico, no hace falta que me la pongan, si así como están las cosas ya me la pongo yo solito.

Pero aquí hay un problema. Las estructuras son perfectas y difíciles de derrumbar, pero no indestructibles. Y no hay nada peor que el seguir un esquema convencido de que se va a cumplir, de que lo estás haciendo como toca, lo normal, para que luego no se cumpla. Primero viene el enfado. Luego la decepción. Después la ira. Y más tarde, si has podido sobrevivir a lo anterior, viene la luz. Es ahí cuando piensas, cuando te das cuenta de que en realidad han estado decidiendo por ti todo el tiempo, dejándote solo cuando menos les ha convenido. Y es ese momento, el que algunos llaman “desempleo y desesperación” (súper intencionado este matrimonio de palabras porque la desesperación del desempleo justifica el tachar de locas tus alternativas) en el que muchos ven la luz, porque ya no están condicionados, porque ya no hay nada que les saque de la idea de que es todo un bucle sin sentido. Y empiezan a ser ellos mismos. A pensar por sus propios medios. Y es justo en ese momento cuando las estructuras empiezan a temblar, cuando el (me he propuesto no decir sistema) equilibrio empieza a tambalearse y es solo entonces cuando pueden surgir estructuras nuevas, que no tienen por qué ser mejores pero sí obligatoriamente diferentes. Que el 2015 sea el año del cambio pero no porque lo digan ellos.

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