Cansinos en las urnas

Que acabe ya esta semana. La campaña electoral me sigue hasta lugares insospechados y no hago más que oír repetir el mismo mantra desde todas las posiciones interestelares del planeta de la galaxia de los robots que no paran de frotar sus culos al ritmo de platillos sin ningún sentido-> os prometemos trabajo. ¿EN SERIO? ¡Pero si yo lo que quiero es salir de él!

Daba por hecho que las peores etapas en la vida de alguien que quiere estar en el mundo pero no bajo las reglas de la autoridad mundial dominante eran los años en los que todas tus amigas se quedan embarazadas y te aprendes todas las marcas de cochecitos y la época en la que eres mayor, todo el mundo empieza a morirse a tu alrededor y tú no puedes ni ir a sus entierros porque te duele hasta el alma. PUES NO. ESTABA EQUIVOCADA -qué raro-. La peor etapa de la vida de alguien que acaba de empezarla pero ya tiene alguna que otra cana es precisamente cuando está viviendo en la tierra en la que se crió y de pronto empieza a ver a gente conocida en los carteles de los partidos políticos de su pueblo, ciudad, loquesea. PERO POR QUÉ ME HACÉIS ESTO. Si ya era suficientemente duro para mí cuando de pequeña intentaba ser vuestra amiga y vosotros os hacíais los interesantes qué esperáis que haga ahora que me necesitáis. “La tortilla siempre tiene que dar la vuelta”, una frase que me perseguirá toda la vida hasta en el baño más podrido y cochambroso que exista, pero es que en este caso no, de verdad, os podíais quedar en casa.

“Qué mal rollera negativa eres tía, te quejas por todo, si tan mal lo ves gana unas elecciones”. A ver. Que no soy Pablo Iglesias. Que a mí no me gusta ganar. Yo he venido a jugar, a divertirme hasta que me duelan las mejillas de tanto reír, a retozarme por el césped y luego tener remordimientos porque estoy llena de alergias y garrapatas, a intentar entenderme con quien jamás pensé que me entendería, a ACORDAR VIVIR EN PAZ CON MIS SEMEJANTES, a no estar por encima ni tampoco por debajo si no al lado, a perder las formas si es necesario, a venir a vomitar a este blog, a abrazar a todos los cachorros del planeta, a… ¿hace falta que siga?

“Vives en el país de las maravillas”. OJALÁ. Ojalá lo hiciera. Pero no. Vivo en este. Y mientras esté aquí, no voy a ser tan negativa como para conformarme con cualquier cosa, no voy a quedarme callada sonriendo mientras me invitas a soñar con tus propuestas con un mundo lleno de trabajo. “A POR EL PLENO EMPLEO”. A por el gustazo de rociarte la carita con colonia para que te piquen mucho los ojos. Voy a ser muy optimista, tanto, tanto, tanto, que soñaré con un mundo en el que nadie vuelva a sentirse mejor que otro, en el que ser como te apetezca no sea una señal de valentía si no de equilibro mental, en el que no se toque a ningún animalito más y se les deje vivir sin la miserable manía de exponerlos en vitrinas y comerciar con ellos, que nos dejen en paz, que no se enteran de nada, que no queremos lo que ellos quieren, que queremos lo que NOSOTROS queremos. Y punto.

Díselo tú, Queen B.

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