Qué pereza ser modernx

En el siglo XX, los dos movimientos políticos que buscaron sus raíces en el pensamiento de Marx fueron los partidos comunistas y socialdemócratas. Ambos, además de sus otros errores (y, de hecho, crímenes), fracasaron, para su desgracia, en su intento de seguir a Marx en un aspecto crucial: en vez de adoptar la libertad y la racionalidad como gritos de guerra y como conceptos organizativos, optaron por la igualdad y la justicia, regalando el concepto de libertad a los neoliberales. Marx fue inflexible en esto: el problema con el capitalismo no es que sea injusto, sino que es irracional, pues acostumbra a condenar a generaciones enteras a la escasez y al desempleo y hasta convierte a los capitalistas en autómatas movidos por la ansiedad, viviendo siempre con el miedo a que, si no mercantilizan por completo a sus recursos humanos para así servir mejor a la acumulación de capital, dejarán de ser capitalistas. De este modo, si el capitalismo parece injusto, es porque esclaviza a todo el mundo; desperdicia recursos humanos y naturales; la misma línea de producción que no cesa de producir artilugios notables y riquezas incalculables, produce también profunda infelicidad y crisis no menos profundas.

Qué bonito es disponer de tiempo extra -dícese del que se deduce de restar lo que tardas en olvidarte del trabajo, alimentarte y otros menesteres de lo cotidiano que se vuelven una carga cuando ya has trabajado 8 horas para otros- para leer, entender lo que has leído y además pensar sobre ello. El hecho de decidir en qué quiero dedicar mi tiempo libre DESPUÉSDEHABERHECHOTODOLODEMÁS me hace sentir que no todo está perdido, que todavía tengo un ancla a la cual agarrarme o un mar inmenso en el cual zambullirme sin miedo a que me devoren los tiburones. Y es que, desde muy pequeña, siempre me ha chirriado un poco todo el tema de la igualdad. Recuerdo que en mi colegio había unas jornadas de la paz en las que se colgaban frases y una en concreto jamás la olvidaré “Tots som iguals, tots som diferents”. Después, con Rebelión en la granja de Orwell, empecé a entender que “todos los animales son iguales pero hay animales que son más iguales que otros”. Y es que, yo que sé, igual lo de la igualdad, la moral y la ética es un poco una mentira. Un círculo vicioso, un dogma más elaborado que la religión porque es algo progre, moderno y de nuestra era, una espiral de cosas que deberíamos ser, que deberíamos sentir, que a la práctica jamás se cumplen. Será que no me ubico, pero no pienso mover un centímetro de mi cuerpo ni una milésima de mi energía para luchar por tener las mismas oportunidades que alguien que lleva una vida que no va conmigo. No quiero tener las mismas oportunidades de morirme del asco en un escritorio, ni de prepararme comida en tuppers muy sana y muy instagramable, estoy harta de que me vendan que la igualdad es algo bueno, que de verdad estoy al mismo nivel que otros para decidir lo que quiero hacer, pero siempre escogiendo sus reglas. Sus normas. No, la igualdad no va conmigo. Al menos no como la pintan. Ya no hablemos de la moral. Ni de la ética. No quiero pensar como ellos, quiero pensar como me salga. Y es aquí, donde entra la libertad. Para mí el único concepto que de verdad merece la pena. Que de verdad nos hace igualmente únicos. Como dice Varoufakis Varufucker en este artículo del que he sacado la cita anterior, fue una gran desgracia que la derecha se apropiara de la libertad y jugara a su antojo. Las palabras son importantes. Libertad es una de las grandes. Nadie puede estar en contra de la libertad. Pero es esta libertad ficticia que nos mata, que nos corrompe y que nos hace crear una moral, una ética y un concepto de igualdad que si esta primera, la libertad de verdad, estuviese asumida, ya no sería necesario. Hace bastante tiempo que dejé de compartir con quienes no se me asemejan. Quiero tener el poder de relacionarme con la gente con la que me siento a gusto, y no sentirme mal por si me cae alguien fatal pero tengo que seguir siendo amable porque jamás sabes cuándo lo vas a necesitar. Quiero perderme en el bosque con todas sus consecuencias.  Tener el poder de pasarme tres días durmiendo sin que nadie me eche en cara que es algo improductivo y vago. Quiero mi derecho a la pereza. Mi capacidad de decidir qué es libertad para mí. Sin implicar a nadie. Porque ya sé cual es mi bando. Y ya sé quienes forman parte del mismo. Y eso es mucho más de lo que podrán decir otros, cuando los árboles y las estrellas se queden al mismo nivel, cuando todo quede arrasado por las llamas, cuando no haya sitio por donde correr, cuando tu career, tu internship, tu máster en NiuYork y tus habilidades sociales ya no sirvan para los problemas de verdad. Cuando nos enfrentemos a lo que de verdad importa, que nunca es lo mismo para todos.

*Qué bien sienta escribir después de tanto tiempo, coño.

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