Algo tan simple como escupir

Jamás le di importancia a escupir. Siempre se me dijo que era una cosa que las señoritas no podían hacer. Que era muy feo. De muy mala educación. Vamos, que me iba a morir entre terribles sufrimientos. Sin embargo, hubo una cosa, un simple gesto hollywoodiense que cambió toda la percepción posible sobre el gargajo bien escupido: Jack (Leo DiCaprio) enseñando a escupir a Rose (Kate Winslet) en el Titanic.

Puede parecer una chorrada, pero ese gesto y todo lo que conllevó ha marcado mi existencia hasta hoy. En el colegio empezamos a escupir todas las chicas. ESCUPIR COMO ROSE. Queríamos ser ella porque era una diva, porque dejaba la mano marcada en el vaho del coche, porque posaba desnuda y sobre todo porque tuvo los santos cojones de dejar a alguien como Jack fuera de la tabla y dejarlo morir ahogado.

Bueno, realmente de esta parte solo fui consciente mucho tiempo después. El problema que creaba toda esta moda del escupir “como un machote de los suburbios” es que yo era incapaz. Por más que carraspeaba, hacía ruidos de señor anciano al borde de un colapso o incluso cogía carrerilla, yo solo podía escupir saliva. No había gargajos que sacar. Y recuerdo que mi papá escupía divinamente. Tiraba unos gargajos como metralletas. Y yo lo miraba fascinada -y bueno a veces también asqueada, eh- y pensaba jo, yo también quiero escupir así, pero no me sale.

<<¡Es tan difícil ser yo!>>

Sin embargo, hace unos años, cuando todo empezó a nublarse y mi ánimo era lo mismo que el camello de un vendedor ambulante de Agrabah recuerdo las sabias palabras de mi médico: “oye, ¿pero tú escupes?”. Pues no, le dije. “Yo no sé escupir, no me sale”. Me recomendó que me fuera a la playa a hacer gárgaras y todo tipo de guarradas y que ya vería que poco a poco aprendería a escupir DE VERDAD, a escupir con D.O.C. y así me encontraría mejor. Pensé que era un magufo -todavía lo pienso bastante-, pero en parte, metafóricamente, tenía razón. Ahora no paro de escupir religiosamente todas las mañanas cual dragona de Shreck protegiendo a su novio burro y joder, qué bien, cuánta razón, qué necesario es escupir.

La moraleja es precisamente esta, no dejéis que nadie escupa por vosotros, sed dueños de vuestros gargajos, cuanto más densos y más flubber mejor, no lo hagáis mientras os cruzáis con gente anónima que eso da muchísimo asco, hacedlo privadamente, públicamente con el ser humano que realmente merezca conocer ese pedacito de vosotrxs, metafóricamente o literalmente, PERO HACEDLO. Al mundo le hacen falta más quejidos corpóreos y menos pastillas tranquilizadoras.

Y este pobre nene pone la misma cara que ponía yo cuando me preguntaban si sabía escupir  😦

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