Las Sugar babies son las nuevas Spice Girls

Para empezar, una Sugar Baby no puede existir sin un Sugar Daddy, así que primero, explicaré qué es un sugar daddy para quienes no estén familiarizados con este término. Un sugar daddy es un señor adinerado, que ya no tiene edad para ir con jovencitas sin que éstas sean confundidas con alguna de sus hijas. Es por esto, que a pesar de que se le ha pasado un poco la vida el arroz, utiliza su dinero para encandilar a jóvenes totalmente conocedoras de su situación con jugosos y costosos regalos, viajes, pago de estudios, etc. Si el sugar daddy es mujer, se le llama Sugar Mamma. Las sugar babies no son más que esas y esos jóvenes que se dejan querer. Sin más. Eh, que no tiene por qué ser algo frío, ni caliente, ni templado, las sugar babies saben que pueden tener al sugar daddy que quieran, son auténticas profesionales y no dudo que de estas relaciones surja afecto y cariño y odio y rechazo y asco, como en todas las mejores relaciones humanas nacidas del consenso. Una de las sugar babies más famosas del momento es, sin duda, Melania Trump. Sobre ella se han generado multitud de memes, riéndose de quizá su falta de inteligencia (ella está en la Casa Blanca y tú comiéndote tus fideos Yatekomo en el sofá pero #OK) o dejándola como una mujer maltratada, sumisa, que está ahí en contra de su voluntad y está perdida.

Una persona muy valiente y empoderada

Especialmente ofensivas me parecieron pancartas del tipo “Melania blink twice if you need help” porque una vez más, tenemos a peñuqui haciéndose la mayor diciéndole a otra que es tonta y que necesita ser salvada. Que a ver, si de verdad piensas que está en riesgo, maldita sabandija actúa, no la humilles. “Las niñas ya no quieren ser princesas” y me manifiesto en contra de un machista pero ahí vas tú, con ese par de ovarios y te conviertes en algo mucho más turbio que el príncipe azul. Eres la madrastra de Blancanieves y lo sabes.

Si bien mi cariño hacia Melania Trump nació de un viaje leyendo la Hola con una de mis very besties, llegando al fondo de mi corazón he de admitir que ni Melania, ni Trump, me importan. Pero que no se lo tomen a mal, que cuanto más pasa el tiempo, menos me importa nada, no es personal. Aún así, pese al desdén, toda esta situación me ha hecho reflexionar sobre dónde realmente reside el poder, dónde realmente caen todos los seres poderosos que han habitado este mundo y sí, amigas, voy a hablar de potorros.

Ahora se habla mucho de empoderar, de que las mujeres trabajen, de que se pongan al nivel del hombre y blabla y bueno, como creo que ya he dicho por algún lado, si realmente quisiera ponerme al nivel de un hombre, en el 2017 simplemente me pondría un pene como el del negro del whatsapp. En serio, lo habéis entendido todo mal. O es que yo me creí que era otra cosa. Simplemente, por igualdad espero que no entendáis que todos hagamos las mismas cosas de la misma forma, porque si no, apaga y vámonos.  Es por esto que, este afán por el trabajo (hasta luego), por que tengamos éxito en la vida (big ciao papi) y que a la vez queramos también ser madres (bye bye bye) me ha hecho pensar que en realidad, realmente, lo que manda es el pussy. Y que las sugar babies, nos están enseñando el camino. No importa cuánto manejes. No importa lo muy poderoso que seas. Al final acabas atrapado por una vagina dentata que hará que hagas cosas muy, muy absurdas como oh, maldita sea, tener algún sentimiento (aunque dure 30 segundos ahí hay que poner mucho de tu parte para vivirlo intensamente). En serio. Las Sugar Babies nos están lanzando un mensaje y no lo estamos entendiendo. ¿Por qué voy a trabajar? ¿Por qué esforzarse? Vivimos en una sociedad totalmente pasivo agresiva, en la que se combinan posts de super concienciado de la vida con posts de mirad lo que me he comprado ayer en el Primark (podéis acceder a toda esta información en mi cuenta de instagram). Ahora se lleva ser super coherente, super atento, super parte del mundo. La industria lo sabe y por eso ya no te venden folleteo en los anuncios, te venden que puedes ayudar a alguien. Y tú vas y te lo crees. Y encima pagas más. En serio, se merecen mis 10. Sin embargo, las Sugar Babies están haciendo todo lo contrario. Se están levantando todas las mañanas, a contracorriente, para que un Poderoso/a invierta en ellas. Ellas conocen sus activos. Ellas sí que son su propia marca sin tener que compartir nada de su vida en ninguna parte. Sin que queden registros en la eternidad de internet. Y podrán petar todas las burbujas: las de los youtubers, las de los twitteros, las de las influencers del instagram, pero nunca, nunca, nunca podrá (iba a decir petar un potorro pero jaja) acabarse el deseo de meterse entre los pantalones de una joven.

Amigas: no estoy diciendo que ahora nos vayamos todas a pasear a ancianos por grandes almacenes con nuestros chiuauas, yo la verdad, no tendría la paciencia para dedicarme a esto. Sin embargo, estoy diciendo que, joder, dejad de meteros con las sugar babies, que la mayoría de ellas vienen del mismo bando, que están codeándose con el poder de la manera más astuta y a la vez valiente posible, sin jugar sus cartas porque ya sabemos que en este sistema la Banca siempre gana. Que cuando menos nos lo esperemos una Sugar Baby va y nos libera and i think is beautiful. Y luego con qué cara vais a darle las gracias.

PD: ¿Que por qué las sugar babies son las nuevas Spice Girls? Porque las Spice Girls nos abrieron los ojos y las Sugar Babies nos están abriendo el camino. No, no sé, es que me gustan mucho las Spice.

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