La delgada línea que separa el espíritu crítico de la conspiranoia

Me siento muy confusa. Por un lado, siento que hemos superado de una manera muy general a Dios pero en vez de matarlo, lo hemos sustituido por una infinidad de soldaditos del Warhammer. Es entonces cuando me pregunto: ¿es que los humanos necesitamos creer para seguir adelante con nuestras vidas? Después de tres cafés mi veredicto es que todo parece indicar que sí. Y me agobia. Porque estamos rodeados de irresponsables.

Cree en tu futuro
(aquí tu futuro suele ser un eufemismo para TU CURRO)

Mi primer microinfarto está patrocinado por TU CARRERA PROFESIONAL. Llevo fatal este momento de inventos y de renovación de profesiones, os lo digo. Me encanta crear, supongo que a todos. Es sobradamente satisfactorio crear algo a partir de cuatro cosas. Sentirse útil en un mundo absurdo es un chute de autoestima. Apoyo la gente que piensa, que innova, que crea, pero todo se tuerce cuando pienso en la monetización. En la obligación de la viabilidad económica. Que el objetivo sea ganar pasta deforma el proceso, lo pervierte. Supongo que debe ser como echar un polvo para quedarse embarazada. Estás haciéndolo con un objetivo, ya no por disfrute -aunque digo yo que en la mayoría de las parejas las dos cosas irán unidas, pero ya no es espontáneo-. La finalidad de crear un imperio a partir de una idea la transforma, convirtiéndola en algo incluso malicioso en algunos casos.

Descripción gráfica de la expresión “tengo el chocho como si me lo hubiese comido un caimán”

Por ejemplo, ayer descubrí una maquinita que promete evitar los dolores de la endometriosis y en definitiva la menstruación sin el uso de ningún tipo de medicamento. Y pienso en los 4 iluminados que lo han hecho y pienso “si le han dedicado tiempo, es muy posible que quien haya inventado este aparato sea una mujer que no ha podido levantarse de la cama a causa de los dolores y ha dado con la solución y ahora quiere compartirlo con el mundo para que nadie más sufra, ole tú”. Hasta aquí genial. Cuando estoy convencida de que lo necesito, miro cuánto puede costar y veo que son 127 euros pero para ti serán 109€, bonita. Y aquí es cuando me entra toda la bajona. ¿Cuántas mujeres de mi edad con trabajos precarios -o sin- podrán permitirse el lujo de comprar este aparatito sin además temer que no les vaya bien porque cada ovariada es un mundo? A mí me duele –no te duele la regla, te duele el capitalismo-. Y está claro que la dedicación, el tiempo, la investigación, todo ese trabajo debe ser remunerado pero BITCH NO HAY OFERTAS DE TRABAJO PARA QUE ESTOS OVARIOS POLIQUÍSTICOS TAMBIÉN CONTRIBUYAN EN LA ECONOMÍA FAMILIAR Y YO NO LLEGO A TODO SOLA. (Es muy importante ser conscientes de esto, que somos la generación del Survivor de las Destiny’s Child y eso ha hecho mucho daño a la hora de relacionar la libertad con la INDAPANDENSIA SOLITARIA -aunque las ame-).

Y este es el motivo por el cual no tengo el valor de montar una startup, porque:

  1. no sería capaz de cobrar por algo que, en definitiva, tan necesario no será si hemos llegado hasta aquí sin ello/a
  2. si de verdad es tan necesario y cambia de manera visceral nuestro mundo, ¿cómo voy a pedir dinero a cambio de algo tan significativo?

Todo mal. Descartamos el emprendimiento como dogma de fe.

Cree en ti misma

Seguramente sea lo más revolucionario creer en uno mismo cuando se está rodeado de empresas que se enriquecen a costa de nuestras inseguridades. Pero, ¿dónde está el límite? ¿Qué pasa si eres un horror de persona? Porque créeme, es más habitual de lo que piensas. Creer en las capacidades propias es sanísimo, siempre y cuando no se sobrepase el límite y se llegue al narcisismo.

¿Y qué pasa cuando sólo creemos en nosotros mismos y desconfiamos de todos los demás?

Y es que vivimos en un mundo en el que no te puedes fiar de nadie, ni siquiera de Kim Kardashian. Ahí es cuando te conviertes en Taylor Swift, que es un poco my guilty pleasure. En su canción Look what you made me do, nos explica que básicamente todos se la han metido doblada y que ella era naif y se creía las cosas pero ahora no, the old Taylor can’t come to the phone right now, ‘cause she’s dead. Especialmente significativo es su I don’t trust nobody and nobody trust me, i’ll be the actress starring in your bad dreams. ¿Qué nos dice Taylor? Que pasa de fiarse de nadie, que va a montárselo por su cuenta y que además, va a intentar hacerle la vida un poco más difícil a los poderosos. ¿Y a qué nos recuerda esta actitud? A los tierraplanistas.

Todo es una burda manipulación

Kanye West es el Estado, Kim Kardashian son los medios de comunicación y Taylor Swift es un ciudadano nihilista. Es así como empiezan las peores películas de miedo.

Todos deberíais conocer la historia que ocurrió entre estos tres y si no lo sabéis es que no tenéis ni idea de cultura millenial. En Los mensajes secretos del nuevo videoclip de Taylor Swift os lo explica muy bien Ter, que a mí me da mucho palo volverlo a explicar. Para contextualizarlo un poco, Kanye lleva años intentando “desenmascarar” a Taylor Swift aka America’s Sweetheart y cuando parece que eran un poco BFF, Kim Kardashian saca en su snapchat unas grabaciones en las que se entiende claramente (o eso creemos) que Taylor Swift juega a dos bandas. Esta decepción destruye los corazones de los estadounidenses extrapolándolo al resto del mundo y la reputación de buena tía de Taylor Swift se va al garete.

EL DESPERTAR.

Taylor Swift es ese ciudadano que se siente estafado por el sistema (Kanye) pero en ningún momento culpabiliza a los medios (el snapchat de Kim Kardashian es un medio de comunicación tan válido como El Español y lo sabes) hasta que se da cuenta de que ellos también se ponen de su parte porque qué son los medios de comunicación sin el Estado. ¿Y qué decide hacer al respecto Taylor Swift? Lo dicho: montárselo por su cuenta. Es por esto que su nuevo disco Reputation incluye revistas explicando todos los entresijos del nuevo disco de la cantante así como fotos de ella con sus gatitos. ¿Por qué? Porque Taylor es inteligente y sabe que es mejor monopolizar y reapropiarse de su vida ya que ¿para qué te vas a comprar la Cuore para saber qué está haciendo con su vida Taylor Swift si puedes comprarte su revista? Este gesto que parece inofensivo sienta las bases de algo mucho mayor:

La muerte del espíritu crítico y la extinción de la credibilidad

PANIKINNNN

Ya no nos creemos los viejos canales de información. Y eso es algo normal porque cómo te vas a creer que Echaron a dos menorquinas de un vuelo de vueling por hablar en catalán. Y ves el medio que lo publica y dices bueno y qué esperabas (Kim Kardashian). Pero luego también va Puigdemont (L’Estat) y lo retuitea y denuncia. Acto seguido, entiendes rápidamente cuando la gente hace vídeos de youtube de 30 minutos explicándote muy convencida que la tierra es plana y en los comentarios las reacciones son de PROFUNDO DESPERTAR -parada técnica para un ventolín rápido-.

La delgada línea que divide el espíritu crítico de la la conspiranoia

Creo que estamos en un momento de destrucción maravilloso en el que todos los pedestales se están destruyendo con una absurdez tremendamente sexy. Ya nadie está impune, desde los pervertidos de Hollywood hasta quien te prometió que te ayudaría a salir de esta para cumplir tus sueños. Que quería lo mejor para ti.

Me preocupa especialmente la situación de rabia e impotencia posterior, que puede derivar al todo vale, poniendo como valor en el emisor la supuesta simplicidad del ciudadano de a pié y la mitificación del outsiderismo -es un señor que lleva 5 años encerrado en casa alimentándose a base de fabada litoral que pide por Amazon Prime, seguro que sus teorías sobre el cáncer en su blog de 100 visitantes son más reales que lo que me está diciendo mi oncólogo-. Me preocupa la conspiranoia, el pánico que invade después del derrocamiento de los referentes y la prisa por sustituirlos por otros.

Quizá lo más seguro sea no tener referentes. Ser agnósticos. Dudar de todo sin desacreditar en exceso. No convertirse en un hooligan. Contener la destrucción para que no nos destruya también a nosotros mismos y acabemos creyendo en el primer loco que pase por delante -otra vez-.

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2 comentarios en “La delgada línea que separa el espíritu crítico de la conspiranoia

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