No habrá paz para los sin talento

Quienes hayan pasado más de 20 minutos a mi lado sabrán que me flipan los programas de talento. Como el 80% de la generación de los 90, me he comido con patatas todos los talents habidos y por haber: Operación Triunfo, Fama a Bailar, SABER Y GANAR, etc. Por este motivo, cuando se anunció que volvía Operación Triunfo tuve claro que por lo menos le iba a dar una oportunidad.

Amaia de Operación Triunfo

Pues qué quieres que te diga, fui una de esas treinteañeras sosas que, dotadas de un mayor control sobre sus emociones (JA!), no se había entusiasmado en plan SHOOK OBSESSED -de hecho la primera gala la puse y la tuve que quitar porque empezaba a plantearme que yo también me podría haber presentado- hasta que no vio a Amaia cantando Zorongo Gitano del Fede sí, del García Lorca. En este momento fue cuando dije, BUAH, O SEA, ME ENCANTA.

Amaia no solo es la perfecta ganadora si no que además es la mejor persona del universo, capaz de hacerte reír y decir diarrea en prime time sin ponerse roja. Una vez que la has conocido no puedes dejar de pensar en ella y quieres ser su amiga, su consejera, quien le quita las pelusillas de los hombros cuando está en el probador escogiendo el outfit para comerse el mundo.

El factor humano como disparador del talento

¿Y qué pasa cuando una persona te cae bien tanto tanto tanto que parece que le quieres? Pues que acabas viéndolo mejor de lo que es. Como si fuese un hijo. Y le perdonas. Y le consientes. Y a Amaia le vamos a consentir y perdonar todo, por supuesto, y bien que se lo merece. Pero, ¿a cuántos os ha pasado que le enseñáis Amaia a gente que es totalmente ajena a Operación Triunfo y os dice, “bueno, no es para tanto”?

Yo cuando me dicen que Amaia no es tan BIG DEAL o peor aún QUE ES UN MOJÓN.

Ante todo esto, me surgen muchísimas dudas, entre ellas ¿cómo puede ser que unos la veamos como la persona más talentosa del mundo mundial y otros, que no han visto el programa, no sienten nada? Porque esto no te pasa con Whitney Houston, amiga, o con Aretha Franklin, con ellas no hay dudas: nadie puede decirte que no le gusta o que no le parece que tienen talento.

Lo único que se me ocurre es precisamente lo que he llamado así porque me creo filósofa: el factor humano. Conocemos a Amaia, la adoramos y por eso cada pequeño o gran avance que hace en su carrera nos hace estar tremendamente orgullosos. Somos partícipes de su mejoría y nos creemos hasta pequeños mecenas votando desde las apps y haciéndola TT constantemente.

Entonces, ¿Amaia no es buena? Amaia es muy buena, pero también estamos proyectando un montón de cariño que está ayudando a que se cree este fenómeno de estrella y reina de España.

La bajona del espectador

Cuando veo como lo hacen en los talents VS cuando intento hacerlo yo

Operación Triunfo acabó, y menos mal, porque a mí me estaba dando un poco una crisis de ansiedad. Tengo el speech del talento y del triunfo tan metido en mi cabeza, que verme expuesta a adolescentes que con un programa de televisión y sí, mucho esfuerzo y mucha presión por supuesto, van labrando su carrera y ya tienen su página en Wikipedia pues, me hace sentirme un poco mal. Especialmente cuando me veo con mi bata, mi pijama lleno de migas de frutos secos y chocolate y que ya no puedo ver la tele sin ponerme gafas.

Y es que la sobre-exposición a este tipo de formatos de entretenimiento es cierto que en muchos momentos nos inspira y nos empuja a retomar aficiones (Maestros de la Costura ¡YAS!), pero también puede provocar el efecto contrario: la bajona suprema.

Persigue tus sueños pero sin rayarte, prima

Y así es como el engranaje va poniendo todo en marcha y te descubres tomando decisiones drásticas para explotar tu lado artístico que nacen de la presión, la tensión y la angustia, pero sobre todo invirtiendo y muchas veces -perdiendo- dinero. Lo vemos con las carreras universitarias todos los días. Lo vemos cada vez que nos venden las rutinas de la gente con éxito.

Porque el relato del vivir de lo que te gusta es atractivo pero a la vez tremendamente maligno, ya que convierte un placer en una obligación y sobre todo ejerce una tremendísima presión ligada al tener que vivir de lo que te gusta, y que lo que te guste no sólo te guste a ti si no que se reciba como algo merecedor de ser consumido. Lo que te gusta deja de gustarte solo a ti, y terminas haciendo cosas para gustar a los demás, para vivir del dinero de los demás.

Obviamente existe gente que es genia y figura y crea cosas que son indiscutiblemente bellas, como -otra vez- Whitney Houston, por la que podríamos haber sido capaces de cortarnos un brazo por que nos cantara los precios del MediaMarkt. Pero no son más que destellos de luz, estrellas fugaces tremendamente brillantes pero también profundamente infelices, explotadas hasta la extenuación.

En fin, que para mí hay que incentivar la propia realización de las cualidades creativas de cada uno, ya sean montañitas de chapas como tocar un instrumento o una orquesta entera. Pero para hacerlo con total libertad y felicidad, hay que recuperar nuestro tiempo, reapropiarnos de nuestras voluntades y deseos y no poner todos nuestros esfuerzos en una única pasión, si no cultivarlas todas. Con descanso. Sin presión. Sin pretensiones. ¡Sin trabajo!

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