Otro post sobre las elecciones

Tranquilxs, no voy a atormentaros con mis teorías básicamente porque, como siempre, no tengo ni idea. Hoy solo quiero hablar de Pedro Tinder y de Errejón, entiéndeme: el cuerpo me pide hacerlo. Y como hoy en día a todo le atribuímos identidad menos a miles de personas que se ahogan lentamente en el mar intentando sobrevivir -ella demagoga, mujer tenía que ser-, le he dado la capacidad a mi cuerpo para decidir sobre lo que hago. Y seguiré aprovechando estos impulsos al menos hasta que no me lo quiten.

Mira que no, que no me creo que vayamos a ir tan hacia atrás, que no. Quizá sea el hecho de estar silenciados constantemente por catástrofes, por bombas que explotan cada vez que apuntamos con los ojos en una dirección aleatoria, casualmente siempre hay algo que nos hace enmudecer ahí también. Y quizá enmudecer sea la estrategia más centrada. Los discípulos de Rajoy sabemos lo que hacemos.  Pero no puedo más con el estoicismo, el tergiversar la dignidad y la corrección a su antojo, el ser moralmente superiores, ¿de qué me va a servir ser moralmente superior si vivo en una cárcel? Pero yo venía a hablar de Pedro.

Pedro Tinder nos rompió el corazón, claro que lo hizo, pero sabíamos de donde venía, sabíamos que salía del Tinder, una APP para FOLLAR, una APP de transacciones sexuales, ¿de verdad esperábamos que fuera a pensar en nosotros? En cuanto expresamos nuestra opinión, nos calló poniéndonos una dedo en la boca y diciendo «sht, espera que termine, ¡estás muy participativa!», en cuanto le decimos que no queremos follar sin condón, el abanderado de «EL NO YA LO TIENES» nos da la chapa sobre que las ETS están prácticamente erradicadas, que la asistencia sanitaria en España es infinita y que lo peor que nos puede pasar es que salgamos los dos disfrutando más, siendo más fuertes, más llenos de él. Pedro Tinder no nos ama, ni lo hará jamás. Sólo se ama a sí mismo, y a los colegas de su grupo de Whatsapp a los que les pasa las capturas de pantalla de vuestro sexting en horario laboral.

Lo que sí, lo que no se puede aguantar, lo que me rompe por dentro como el sonido de miles de pollitos siendo triturados vivos para hacer nuggets, es lo de Errejón. Me duele porque es la misma historia de siempre: lo veo, no dice nada, cita algún pensador que no conozco, se le ve misterioso, distante, pensativo, calculador, quén sexy, me enamoro, sigue siendo así, me sigo enamorando, y al final resulta que no, que lo de que fuera callado era porque precisamente, PRECISAMENTE: no tenía nada que decir. Y yo, atribuyéndole capacidades de espía que podría destruir a Rusia y a Estados Unidos con una sola llamada, me encuentro con que no, con que se ha puesto cuatro podcasts sobre cómo tener éxito en la vida y que al final, oh no, no lo quiero decir pero lo digo: es más de lo mismo. De verdad. Erre. Pensábamos que España era el experimento sociológico con el que ibas a escribir la mejor tesis de tu vida y al final no has sido más que otro tío con zurraspas en los calzoncillos de Batman. Shame on you. Más me duele a mí, a todos, siempre.

De verdad no pasa nada, no pasa nada, ya lo estoy superando. Y asumo mi responsabilidad y mi culpa al volver a atribuirle propiedades fantásticas a un ser humano, al depositar mis esperanzas en las manos de otro. Pero es que me han educado precisamente en esos términos. Que si lo hace otro pues eso que me llevo: más tiempo para ver otra distopía que me va a dejar por los suelos sin ganas ni de llorar.

Que te lo juro te lo juro por mis muertos que estoy super positiva, que de verdad te lo digo que esto es solo una mala racha, que tan solo por la pereza que me da mirar hacia adentro dudo mucho que tengamos la desfachatez de mirar hacia atrás. Que sí, que hay gente que lo hace, pero de verdad, ¿es que esa gente alguna vez estuvo donde estamos o simplemente vienen de ahí? Que de verdad lo creo que tengo que dejar de esperar que alguien en una posición superior me vaya a tratar como a un ser humano, que primero me tengo que tratar como ser humano yo, pero sobre todo reventarle la cabeza al que no lo haga. Y luego ya veremos.

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