Las máquinas no tienen sentido del humor

Me obsesiona desde hace 72 horas la duda de que realmente exista alguien que consiga tener unas uñas del pie impolutas y envidiables sin ayuda externa y desde hace 48 la certeza de que nunca ninguna máquina por muy inteligente que sea conseguirá hacerme reír como me río con cualquier idiotez que me cuente cualquiera que haya nacido en Hellín.

Desde hace un tiempo siento que estoy mejor cuando me acerco menos, que estoy más serena cuando leo menos la rabia y me concentro más en leer la digestión, cuando intento olvidarme de que la realidad, inevitablemente, salpica. Sin embargo, tampoco puedo hacer como si no pasara nada. Como si el 2020 no estuviese atropellando todos y cada uno de los últimos árboles que al tocarlos, podías instantáneamente gritar: ¡CASA!

Me atormenta el poder más básico, el que te permite tirar de la cadena o elegir qué elemento no quieres que esté en tu ensalada. El poder inherente que invalida y con el cual tampoco tiene sentido pelearse. Porque siempre está ahí. Siempre. Todos los días decido pasar de puntillas por la falta de compromiso, por los soliloquios de siempre, por las comidas con aquellos con los que ya no tienes un presente, y me descubro contando de tres en tres los sentimientos, igual que las desgracias.

Me va bien. Es imposible sentirse sola cuando lees a tanta gente que, como tú, también se muere de sueño. Y pensar que, al cerrar los ojos, las tradiciones y los malos usos no tardan generaciones en derribarse, que con un solo segundo de cualquiera de mis sueños puedo ser la mano invisible de Adam Smith, ordenando y regulando la riqueza de mi nación fantasmal repartiendo helados de chocolate, adormeciendo dismenorreas, apagando condicionantes.

Desde hace poco me persigue como una sombra en un desierto una cita de Martin Luther King Jr que dice que «power without love is reckless and abusive, and love without power is sentimental and anemic«. Y me encuentro repitiéndola como un mantra, buscando la verdad que sé que hay detrás de ella a mi alrededor, pero por más que lo intento, todavía no la encuentro. Pero está.

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