Settle down

Cuando voy sola por la calle y me cruzo con un montón de gente suelo o bien creer que estoy en un videoclip y que al final alguien me va a sacar a bailar y milagrosamente no me caeré, o bien imaginarme una vida paralela en la que soy un espía o algo súper guay y con grandes pechos tipo Lara Croft o bien tener conversaciones con distintas personalidades que confluyen en mi cabeza o con personajes inventados (soy mentalmente dispersa pero me gusta más llamarlo multitask que es más de nuestro siglo XXI). De hecho, cuando estoy a tope en este último caso, los whatsapps no suelen ser un oasis en medio de ese tenebroso desierto al que todos tememos en la actualidad llamado SOLEDAD si no más bien suelen provocar un ¡no interrumpas que esto está caliente! del apuntador. Bien. Todo esto para explicar que esta mañana estaba en una de estas últimas.

El caso es que me estaba imaginando qué pasaría si de repente, después de un día normal con sus rutinas, su flora intestinal fluyendo correctamente, su carita de desdén hacia el conductor del autobús y todos esos pequeños detalles que hacen de nuestra vida nada interesante llegas a casa y te encuentras con que te han preparado una boda sorpresa. Que no sólo haya sido una idea de tu pareja si no que tus amigos, tus familiares, TODA TU GENTE, cansada de esperar a que por fin les des la buena noticia de que has enderezado tu vida con algo tipo yo qué sé, convertirte en la fundadora de un nuevo ZARA y pasando al maravilloso e increíble mundo de la gente que se whatsappea con Juan Carlos de Borbón y se va de botellón con Ernesto de Hannover, básicamente se organizara y conspirara durante meses para prepararte una boda sorpresa y que por fin pase algo facebookable (¿acabo de sustituir memorable por facebookable?) en tu vida. Y no una boda cualquiera, si no, una PEDAZO de boda. En tu casa, sí, pero hábilmente reconvertida en una playa con pósters muy conseguidos en 3D de lugares paradisíacos, la calefacción a tope para ir con vestidos ibicencos de esos que se te marcan los pezones y sonido de rompeolas en salón y baño. Millones de ambientadores marinos para “ambientar la fiesta”. Gente mirándote en plan ¡sorpreeeesa, hoy por fin vas a tener algo guay que contar a la geeente! Que esté tan perfectamente montado,  que quieras tanto a todo el mundo, que vayan tan guapos que te sientes incapaz de decepcionarles y que acabes aceptando todo como un perrete chico porque bueno, ya que está todo hecho y es algo que tarde o temprano ibas a hacer en tu vida o eso creías y que no te has tenido que preocupar por nada así que bueno, sí, déjame, que me doy una duchita rápida porque huelo a choti y vuelvo. Y SÍ, quieres. Y te lo pasas que te cagas. Aunque no lo hayas decidido. Y sigues tu vida. Sabiendo que ahora tienes algo que contar. Algo a lo que aferrarte. Algo de lo que hablar cuando estás de networking y te preguntan bueno y tú a qué te dedicas. Incluso he dado un paso más y me he imaginado a alguien que ni siquiera tenía pareja encontrándose una boda sorpresa en casa. Sin conocer a la otra persona con la que te vas a casar pero que seguro cumple con todas las expectativas porque “tu gente” te conoce bien y sabe lo que quieres y todo estaría estratégicamente estudiado para que os enamoréis locamente. Lo que se conoce como Find yourself a girl and settle down live a simple life in a quiet  town y todas esas cosas. Solo un minuto, imaginad que la gente que os quiere pudiera llegar tan lejos. Pudiera decidir tanto por vosotros. Y ahora, si esto es una locura (que lo es pero bueno da para película chorra tipo Resacón en Las Vegas), si la gente que sabe tanto de nosotros, esa gente que nos conoce tanto que incluso podría hacerse pasar por nosotros en un test de la Super POP y sacaría el mismo resultado que si lo hiciéramos nosotros mismos… Si a esta gente que es tu círculo reducido sólo les permitimos aconsejarnos cuando tenemos dudas pero no dejamos que decidan por nosotros (que es lo que toca y creo que a esto le llaman hacerse mayor) POR QUÉ entonces existe el coaching, POR QUÉ dejamos que las aplicaciones y las redes sociales hagan lo que quieran con nuestra información personal y dejamos que nos envíen una publicidad concreta basada en lo que solemos buscar y consumir en internet (¿y si quiero ser libre de ver todo lo que se le puede ofrecer a alguien aunque no tenga supuestamente nada que ver conmigo?) POR QUÉ nos dejamos guiar de esta manera y sobre todo POR QUÉ ACABO RELACIONANDO TODO CON LAS APPS Y LAS REDES SOCIALES.

No lo sé, pero creo que aquí se explica más o menos algo de lo que intentaba decir si es que intentaba realmente decir algo. Así que, sin más preámbulos, voy a terminar con un gif totalmente absurdo e infantil toda esta locura. Y ni se os ocurra darle rienda suelta a vuestra cabeza. Mejor dejad que las apps piensen por vosotros que luego mira lo que pasa.

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