Cupcakes sabor demolición

Escupo. Sin darme cuenta se me rompió la mandíbula al mirarte. Ríos de sangre y un cupcake rosa en la mano. Parece no importarte. Sonrío. Duele. Vuelvo a sonreír porque Disney así me hizo. Te vas. Pienso que nada como una mandíbula rota para ir a llorar a tu portal mientras la vecina me riega la cabeza. Quizá así crezca. Tal vez consiga que empiece a madurar como un hombre de verdad y deje de seguirte. Y me refiero a seguirte de verdad, con gabardina, pantalones ensangrentados y heridas de guerra. Seguir de toda la vida, de ese seguir que parece para siempre pero no. Un día termina. La vecina, cansada de tirarme agua decide tirarme un macetero. Suspiro porque hacía tiempo que no me sentaba tan bien un buen golpe. Sonrío otra vez, con menos sangre. Lloro. Un perro decide marcarme como su territorio, por fin alguien quiere que sea suyo. Vuelvo a sonreír y me digo a mi mismo: sí, la vida es maravillosa.

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